Papelera de ficción

Buscando mi voz (con relatos breves y microrrelatos)

Las malas amistades
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

Se nos había hecho tarde. Como en otras ocasiones, en lugar de volver a casa, decidimos refrescar la borrachera en el fin del mundo. Así llamábamos a una colina situada a las afueras del pueblo, un lugar en medio de la nada, bueno sí, algo sí que había: un granero vigilado por un espantapájaros. Seguir leyendo…

El ingrediente secreto del café de Sara
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

Como cada mañana, Sara preparó la cafetera y la colocó sobre el infiernillo, pero antes de encender el fogón, arrugó la frente y se tapó la cara con las manos. Los perros también, susurró, y lo cogió con cuidado. Bajó las escaleras con él en brazos y se cruzó en la entrada con Samir, que ya se había quitado el sombrero y desanudado la bufanda. Volvía de comprar La Esperanza, el único diario que quedaba en el país. Un periódico en el que la portada siempre era la misma: el contador de muertos, el mapa de propagación, la oración del día y el ministro de turno llamando a la calma. A finales de 2037, la situación era irreversible, el virus había afectado a más del noventa por ciento de la población. Seguir leyendo…

Airam el cuervo
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

Airam el cuervo

Airam se pasó la vida entre pájaros. Insistía en que el Hombre estaba hecho para volar.

Después de varias denuncias, fue llamado ante el juez y declaró Seguir leyendo…

El reloj de pared
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

—Oye, Fran, tenemos que irnos —dijo mi hermana—. Mamá está en camino.

La cafetera ya estaba preparada. No tenía ni idea del tiempo que llevaba así, pero la coloqué sobre el infiernillo y encendí el fogón. Allí no había cambiado nada. Bueno sí, el reloj de pared del zaguán por fin se había parado. La seis y cuarto. Joder, las seis y cuarto. Seguir leyendo…

La luz cautiva
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

La luz crepuscular proyecta una legión de gigantes en el horizonte, bestias de acero y fibra, brazos inarticulados y corazón de madera; colosos que niegan el movimiento en respuesta a la pusilanimidad del viento de noroeste, que sucumben a la erosión de la distancia. Seguir leyendo…

Con i de identidad
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

El respeto a la identidad de los pueblos nos enriquece. Y no, eso no es política.

Hubo un día en que creía que siete estrellas verdes era la respuesta lógica a un pasado sangriento y una identidad soterrada. Que nadie se moleste ni altere. Sé que no está la hoguera para echar combustible, que luego la carne sabe a petróleo. No hablo de política. Hace tiempo que dejé de creer en los políticos. Y que conste que soy consciente de que la pérdida de confianza en la política no soluciona nada, sin embargo, esa enajenación, esa sensación de pertenecer a otro mundo, eso es justo lo que siento cuando me da por ver las noticias. Joder, ¿pero es que nadie se da cuenta de que todos estos se descojonan de nosotros? Que me perdonen los buenos políticos, que de seguro serán mayoría; de hecho, quise a uno como a un padre. Vi en él más pasión, honradez, sacrificio y vocación por lo público, que en todos los que ahora se envuelven en banderas, himnos y mítines, para ocultar, en el mejor de los casos, lingotes de hipocresía y mediocridad. Seguir leyendo…

La gravedad de Paula
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

Paula decía que el amor es a ella, lo que la gravedad a las manzanas.

—¿Sabes, tío? Va, el muy capullo y me dice: Pauli. Ya sé que estamos bien, pero creo que es el momento de dar el paso. Pauli, tío, me llamó Pauli. ¿Cómo que Pauli? ¿Quién coño es Pauli, joder? ¿Tú sabes lo que me jode? ¿Cuántas veces te lo he dicho? Un montón. ¿A que sí? Que sí, tío, que sí. Que necesita dar un paso, dice, el muy capullo.

—Ajá —dije yo—. Un paso.

—Sí, un paso.

—¿Y se puede saber qué paso era ese? Seguir leyendo…

Moby Dick y etiqueta negra (con dos piedras de hielo)
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Un barco a la deriva en los callejones de Barcelona.

Érase una vez un galeón y su capitán, Kanan. El azar, caprichoso como siempre, quiso que el velero surcara el pacífico océano de la noche de Barcelona. Cuando cayó en la cuenta que era viernes, Kanan pensó que sería buena idea darse un paseo por las tabernas roqueras del puerto. Comenzó así una travesía sin brújula ni carta de navegación que le llevó a uno de esos antros. En él trabó la hebra con un grupo de marineros de diferente procedencia, pero todos catalanes. Seguir leyendo…

En el concierto de los Stones (con Wolfgang)
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Es solo rock & roll (pero me gusta)

—Que sí, Herr Wolfgang, que ya lo sé, it’s only rock and roll. Unos pocos acordes, rifs improvisados que recuerdan a Chuck Berry, escala pentatónica, todo muy repetitivo. Sí, también: unos viejos gamberros arrastrando sus huesos por el escenario; salvo Mick Jagger, claro, a ese lo dejamos aparte. Que sí, coño, cállese un rato y escuche, hombre, que me tiene loco de la cabeza. Si llego a saber que era tan pesado, no le traigo. Perdone, no se raye, hombre, es que no me está dejando escuchar nada. Ya sé que su Requiem es una obra de arte, y La Flauta Mágica, Las bodas de Fígaro, Don Giovanni. Sí, hay que ser un puto genio para componer todo eso. Y a su edad. Y créame, Herr, adoro su música. Sin embargo, no sé, este ruido: la sobriedad de la batería de Watts, los chillidos de las guitarras de Richards y Wood, Seguir leyendo…

La crisis de Pe
Tiempo aprox. de lectura: 9 min

Pe desapareció dos días después de la muerte de su madre. A Ray no le preocupó que durante el entierro hubieran hablado del suicidio, al fin y al cabo era un tema de conversación habitual entre ellos; hablaban con tanta naturalidad de la opción de acabar con sus vidas, que Ray estaba seguro de que si hubiera sido ese el motivo de su desaparición, lo habría avisado antes; estaba convencido que incluso le habría contado los detalles. Seguir leyendo…