Papelera de ficción

Buscando mi voz (con relatos breves y microrrelatos)

La luz cautiva
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

La luz crepuscular proyecta una legión de gigantes en el horizonte, bestias de acero y fibra, brazos inarticulados y corazón de madera; colosos que niegan el movimiento en respuesta a la pusilanimidad del viento de noroeste, que sucumben a la erosión de la distancia. Seguir leyendo…

Apaguen las luces, comienza el baile
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Esto NO es un relato de ficción, aunque de momento, a mí me lo parece.

Hace poco más de un año que empecé a tomarme en serio esto de escribir. Les confieso que jamás pensé que sería capaz de superar la barrera que me supone. Esto, al menos para mí, es algo más que contar historias, porque, muchas veces, requiere de abrirse a emociones que no quieres sentir. Casi todo lo que escribo es ficción. Sin embargo, cuando leo estas historias después de un tiempo, me doy cuenta de que, de una forma u otra, me afectan. Muchas me recuerdan momentos de mi vida o  de gente a la que quiero. En los personajes veo pequeños recortes de lo que soy, de lo que detesto, de lo que me gustaría ser, de lo que es gente a la que conozco, o incluso de desconocidos a los que veo en la tele, en la cafetería, o en algunas de mis guaridas (sobre todo bares y garitos roqueros).

A estas alturas se estarán preguntando: ¿qué coño quiere decirme este hombre ahora? Pues, no les hago esperar. Solo dos cosas:

Primero. A partir de ahora, estaré un tiempo publicando muy poquito, casi nada. La razón: he empezado a trabajar en mi primera novela. Les confieso que estoy literariamente acojonado. Cuanto más aprendo, más consciente soy de la condena que supone escribir bien. En el día en que se estrena el último episodio de mi Guerra de las Galaxias, permítanme expresarlo con algo parecido a una metáfora galáctica. Me veo atravesando una Galaxia llena de asteroides y naves imperiales con ganas de tocarme los cataplines (con perdón). Sin embargo, voy a bordo del Halcón Milenario (mi ilusión), y además llevo de copiloto a Néstor Belda, un crack con el que he estado aprendiendo durante todo este tiempo. Aunque es posible que publique cosas sobre la novela, y algún que otro relatito, lo haré de forma esporádica y sin disciplina. Estaré centrado en las turbulentas vidas de Pe y Ray, los dos protagonistas de la historia que no deja de dar vueltas en mi cabeza. Sí, los psicólogos, esos mismos, se me aparecieron en sueños, me maniataron y me amenazaron con dejarme sordo si no escribía una novela sobre sus vidas. ¿Una vida sin rock and roll? Pensé. Qué va, qué va, a escribir, compadre.

Segundo. Como capricho o autoregalo, quiero hacer una selección de los relatos de este blog para corregirlos, reescribirlos y publicarlos en papel del bueno. Si tienen alguna sugerencia o alguno preferido, pueden contactar enviando un correo a info@papeleradeficcion.com. Cuando lo tenga listo, me comprometo a hacerles llegar un ejemplar a cada uno de ustedes (los que se hayan suscrito hasta final del 2019), hayan enviado correo o no. Al fin y al cabo, habrán invertido tiempo en leer mis historias, o al menos en borrar los correos :-). El tiempo es lo más valioso que tenemos y quiero agradecerlo de alguna forma. A más de un@ le he cogido un recorte para mis personajes, pero no se molesten en buscarlos, los trozos, aunque están fundidos por la inexperiencia, mi amor a la escritura lo compensa.

Pues nada, gente, que aprovecho para desearles unas Felices Fiestas y un prosperísimo 2020. Los adornos de Navidad y los villancicos tendrán que imaginarlos. La imaginación y los sueños son como un cordón umbilical que nos une al niño que fuimos. No lo perdamos.

2020, la hostia, ahora sí que me parece el futuro.

Les dejo con Springsteen. Si fuera por mí, le cambiaba el gorro rojo por un cachorro canario, jubilaba a Santa Claus (que ya tiene su edad), y contraba a Baltasar (en nómina y sin sobres en B). Pero cada uno con lo suyo.

Con i de identidad
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

El respeto a la identidad de los pueblos nos enriquece. Y no, eso no es política.

Hubo un día en que creía que siete estrellas verdes era la respuesta lógica a un pasado sangriento y una identidad soterrada. Que nadie se moleste ni altere. Sé que no está la hoguera para echar combustible, que luego la carne sabe a petróleo. No hablo de política. Hace tiempo que dejé de creer en los políticos. Y que conste que soy consciente de que la pérdida de confianza en la política no soluciona nada, sin embargo, esa enajenación, esa sensación de pertenecer a otro mundo, eso es justo lo que siento cuando me da por ver las noticias. Joder, ¿pero es que nadie se da cuenta de que todos estos se descojonan de nosotros? Que me perdonen los buenos políticos, que de seguro serán mayoría; de hecho, quise a uno como a un padre. Vi en él más pasión, honradez, sacrificio y vocación por lo público, que en todos los que ahora se envuelven en banderas, himnos y mítines, para ocultar, en el mejor de los casos, lingotes de hipocresía y mediocridad. Seguir leyendo…

La gravedad de Paula
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

Paula decía que el amor es a ella, lo que la gravedad a las manzanas.

—¿Sabes, tío? Va, el muy capullo y me dice: Pauli. Ya sé que estamos bien, pero creo que es el momento de dar el paso. Pauli, tío, me llamó Pauli. ¿Cómo que Pauli? ¿Quién coño es Pauli, joder? ¿Tú sabes lo que me jode? ¿Cuántas veces te lo he dicho? Un montón. ¿A que sí? Que sí, tío, que sí. Que necesita dar un paso, dice, el muy capullo.

—Ajá —dije yo—. Un paso.

—Sí, un paso.

—¿Y se puede saber qué paso era ese? Seguir leyendo…

Moby Dick y etiqueta negra (con dos piedras de hielo)
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Un barco a la deriva en los callejones de Barcelona.

Érase una vez un galeón y su capitán, Kanan. El azar, caprichoso como siempre, quiso que el velero surcara el pacífico océano de la noche de Barcelona. Cuando cayó en la cuenta que era viernes, Kanan pensó que sería buena idea darse un paseo por las tabernas roqueras del puerto. Comenzó así una travesía sin brújula ni carta de navegación que le llevó a uno de esos antros. En él trabó la hebra con un grupo de marineros de diferente procedencia, pero todos catalanes. Seguir leyendo…

En el concierto de los Stones (con Wolfgang)
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Es solo rock & roll (pero me gusta)

—Que sí, Herr Wolfgang, que ya lo sé, it’s only rock and roll. Unos pocos acordes, rifs improvisados que recuerdan a Chuck Berry, escala pentatónica, todo muy repetitivo. Sí, también: unos viejos gamberros arrastrando sus huesos por el escenario; salvo Mick Jagger, claro, a ese lo dejamos aparte. Que sí, coño, cállese un rato y escuche, hombre, que me tiene loco de la cabeza. Si llego a saber que era tan pesado, no le traigo. Perdone, no se raye, hombre, es que no me está dejando escuchar nada. Ya sé que su Requiem es una obra de arte, y La Flauta Mágica, Las bodas de Fígaro, Don Giovanni. Sí, hay que ser un puto genio para componer todo eso. Y a su edad. Y créame, Herr, adoro su música. Sin embargo, no sé, este ruido: la sobriedad de la batería de Watts, los chillidos de las guitarras de Richards y Wood, Seguir leyendo…

La crisis de Pe
Tiempo aprox. de lectura: 9 min

Pe desapareció dos días después de la muerte de su madre. A Ray no le preocupó que durante el entierro hubieran hablado del suicidio, al fin y al cabo era un tema de conversación habitual entre ellos; hablaban con tanta naturalidad de la opción de acabar con sus vidas, que Ray estaba seguro de que si hubiera sido ese el motivo de su desaparición, lo habría avisado antes; estaba convencido que incluso le habría contado los detalles. Seguir leyendo…

Mi referéndum
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Señores, paren esto de una puta vez (un canario enamorado de Cataluña).

Mi referéndum se celebrará el próximo viernes. Solo imprimiré una papeleta. La pregunta será: “Oye, tío, ¿quieres independizarte del odio?” Y solo habrá una respuesta: “Sí”. La noche anterior, antes de acostarme, dejaré preparada la urna sobre la mesa del salón. Por la mañana, mientras espere por el café, pensaré en el amor que siento por todo lo que he querido en mi vida. Después me pondré algo de Dylan y leeré el capítulo siete de Rayuela. Constituiré la mesa electoral mientras recuerdo mis primeros besos de cíclope. La taza del café será el presidente y como vocales nombraré a dos galletas integrales. Seguir leyendo…

El beso II
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

El beso. Ahora sé que fue eso, aquel maldito beso. Un beso que paró el tiempo y me hizo olvidar por un instante que estaba muerto, que bajó el telón de aquel antro y volatizó a diez o doce borrachos, que silenció las músicas y apagó las luces. Seguir leyendo…

El sueño de Marga
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

Después de más ocho años recorriendo callejones juntas:

—Me estás acojonando, Marga —dijo Bea—. Venga, tía, bájate de ahí, joder.

—¿Sabes, Bea? Una vez soñé que podía volar.

—No me jodas, tía, venga, bájate.

Marga miró hacia abajo y dijo: Seguir leyendo…